9 de febrero de 2011

La pregunta

"Lo que se pierde, ¿para adonde va? esa siempre fue mi pregunta..."

Y me sentí cayendo en colchones de plumas, en un desvanecer de vidas y placeres. 
Sucumbí ante el grisáceo sabor de los chocolates y en un jazz de despedida.
Ésa también es mi pregunta: ¿Hacia dónde va? 
Pero hoy que la ausencia me despeinó goces y la despedida me torció el humor, muchacho, no tengo intenciones ni de pensar en contestarla.
Siento que te fallo, pero yo te lo advertí.
La subjetividad de la respuesta es avasalladora, ¿pero qué importa? Perdido va a seguir estando.



4 de febrero de 2011

Intitulado: nº 4

"¡Raquel,soltá eso!"
Raquel dejó la cola en el piso.

"¡¿Raquel, que hacés masticando esto?!"
Raquel escupió la pierna.

"Raquel, tranquila... ¡Soltame!"
Raquel mostró sus tres filas de dientes,enfurecida, y se abalanzó sobre su dueño.

2 de febrero de 2011

75 años

(Continuación de la segunda parte, que viene de la primera)

Adriana se apoyó en la pared mientras sopesaba el paquete que tenía en sus manos.

Dante se miró  de perfil en el espejo del ascensor, acariciando la redondez de su panza incipiente. "Estoy en el primer piso, y bajo en ascensor..."

Ella miraba para otro lado, esperando con calma.
Él miraba su cabello suelto, ondulado, renegrido, pensando en las posibilidades de un nuevo encuentro.

Adriana volvió la cara.
Dante tuvo que contener la respiración.

-Acá le traigo su paquete, son $20.
La voz, el perfume, los ojos canela, el pelo.

Dante no pudo menos que sonreír, recibiendo el pedido y entregándole el dinero.
Adriana lo miró con más detenimiento. Ojos verdes profundos, poco pelo, panza, sonrisa estúpidamente simpática.

- Gracias - Tomó el dinero y se fue.


Adriana se despertó, miró las sábanas y movió sus pies debajo de ellas. Desperezándose, giró todo su cuerpo hacia el otro lado.
Dante observó cómo ella miraba las sábanas, cómo movía los dedos debajo de ellas y cómo con ternura se desperezaba.
En el momento en que Adriana se dio vuelta, a él le dio un vuelco el corazón.



Gracias Ariel, porque me despertaste en medio de la madrugada, y que por tu culpa pude terminar el escrito(ahora VOS me serviste de "muso").

30 de enero de 2011

Un quart de siècle

(Continuación de la primera parte)


"Tercera vez que llego tarde en la semana" Adriana no podía ocultar su malestar.
Entró al local con el impulso que venía acumulando con las cuadras.
- Adriana, llegás tarde de nuevo - el gerente del negocio la miró de reojo mientras escribía con fervor en un papel - Mirá...
Se detuvo, la miró de lleno: los ojos canela, el pelo suelto, la cara atribulada.

Dante, solo en su departamento, sintió cómo la soledad lo oprimía.
Levantó el tubo del teléfono y discó de memoria.
- Raúl, mandame lo de siempre.

- Nena... - Raúl la llamó mientras ella estaba por salir para hacer la entrega -... entiendo que mi primo te haya recomendado, que necesitás el laburo y que seas nueva y todo, pero es la última vez que llegás tarde.
Le entregó un papelito con la dirección, y la despachó.

Dante esperaba, otra vez.
"En vez de esperar en una pecera, ahora espero en una jaula". Sentado en el sillón del living, encendió la televisión.

"Mitre 439 1º B... ¿A quién se le ocurre, a las 9.30 de la mañana llamar a un delivery?"
Adriana, se arrimó a la entrada y tocó el timbre correspondiente.

- Ya bajo.
Dante buscó el dinero, salió al pasillo y llamó al ascensor.

28 de enero de 2011

¿Así es?

"Esos que me dicen que nada es eterno, cuando les cuente de nosotros seguro que se caen de culo..."


Y me flaquearon las piernas.
"Three little birds pitch by my doorstep singin' sweet songs of melodies pure and true..."
Esperé.
Me mojé la cara, haciendo de cuenta que nada había pasado.
Bajé la escalera.
Seguí esperando.
Salí al día nublado pero no quise seguir, corriendo, me volví a meter en el departamento.
¿Qué esperaba?
Lavé la ropa.
"There was a buffalo soldier in the heart of america, stolen from Africa, brought to America..."
¿A quién esperaba?
El corazón me palpitó fuerte desde la mañana.
Quizás eso sea lo que se llama esperanza.


26 de enero de 2011

Un demi-siècle

"¿No te dás cuenta, Sole? Fuimos sólo energía, ¿no te entristece pensar que vas a volver a ser esa nada informe parte del cosmos el día que mueras? A mí, me da miedo pensar en que me voy a morir..."

Dante esperaba pacientemente su café, mientras miraba por el ventanal.
Con la mano en su mejilla, descubrió que estaba un poco incómodo con esto de sentirse en una pecera.
"Pero parece que nadie se da cuenta de que así como se mira para afuera, se puede mirar para adentro, ¿Cuánta gente me habrá visto sentado esperando el café?".
Adriana iba un tanto apurada, pero no pudo evitar mirar para adentro del bar de la esquina.
"Creen que con polarizar los vidrios una no puede ver para adentro...".

Dante se volvió, buscó al mozo y le dijo que cancelara su café. Salió bastante apurado del bar.
Adriana caminaba cada vez más rápido.

"Disculpame" se dijeron mutuamente cuando se chocaron en la puerta.
Adriana, lo observó por unos instantes. Profundos ojos verdes, poco pelo y mechones blancos.
Dante no pudo quitar su mirada de sus ojos canela y su cabello renegrido, ondulado, suelto.

Ella retomó camino, él quiso seguirla. Lo detuvo un simple pensamiento: "Podría ser tu hija".
Fue entonces cuando el peso de sus cincuenta y pico se alojó en sus hombros.

Decidió desayunar en su departamento esa mañana.

"Buen día, se lo ve medio cansado señor Dante". Observó el portero del edificio.
"Ah sí... es que ando cargando medio siglo en bolsas de arena".
El portero no entendió.
Dante se encorvó aún más.