Y así esperando el amanecer estuve leyendo en cama. El sueño nunca vino, pero yo insistí en acostarme temprano.
Pensando en los terrores de un novio dormido me fui abandonando a una cama revuelta, hasta que los miedos se volvieron míos.
Confirmé mis sospechas, mientras me levantaba arrastrando las pantuflas. Ya no tan sólo me había regalado a los miedos, sino a las ojeras, a la seriedad, a la tos, a lo cotidiano.
Me queda esperar, respirando olor a durazno del té, la mañana caliente, para volver a la cama y jugar a estar recién despierta.
19 de octubre de 2011
10 de septiembre de 2011
Conclusión Maravillosa
Ella se veía, caminando hasta la plaza, sin dejar de leer "Lezama" en una página invisible.
Venía masticando lo que iba a decir, cómo iba a actuar. Estúpidamente, claro, porque sabía que en el momento en que sus miradas se encontraran, ella iba a soltar las cosas como mejor le salieran.
Se cruzó de piernas, ya sentada en un banco frente a la Casa de Gobierno.
Lo vio venir, desde la 25 de mayo, escuchando música.
Ella pensaba en Alejandra, en Martín.
- Te dije que tengo una conclusión maravillosa.
Esperó a que estuviera sentado.
- Es hermosa - suspiró, mirándolo a los ojos - no sólo es hermosa, sino que te ama.
>> Es fantástica, perfecta. Y te está esperando. Van a tener una casa, con dos patios, uno con pileta, atrás. Adelante van a tener una mecedora, donde ella se va a sentar con Lulú, quizás cantándole. Van a tener un perro, (querían un bulldog, porque habían tomado la costumbre de cantar esa canción, como tantas otras, en armonía) pero ambos deciden que es mejor un beaggle, porque son mucho más simpáticos.
Van en un auto, ella con Lulú en brazos, adelante, y los hermanos en el asiento de atrás, un día domingo. Vos manejás y decís algo tan gracioso que ella despierta a la bebé a causa de la risa. Son felices.
Yo le voy a regalar mi sueño. Ella puede tenerlo, porque te está esperando para que sean felices. ¿Sabés? es milenaria, un alma vieja como me gusta decir a mí y eso es lo que te va a encantar de ella.
Él, preparaba su contestación, abriendo levemente la boca.
- Tenés que comprender Martín, que como tu Alejandra, voy a pertenecerte, pero ¿a qué precio?. Así como el personaje que una vez supiste llamarme, tengo un fin y no es lejano.
En silencio entendieron que esto era y que nada más había ya. De forma casi natural, la despedida se redondeó en un abrazo eterno, compasivo, comprensivo, completo.
María se mordía las uñas, mirando fijamente una baldosa, sentada en un banco frente a la Casa de Gobierno.
Lo vió llegar, caminando desde la 25 de mayo.
Se sonrieron con aire gris.
Ella lo abrazó, lagrimeando y le susurró, colgada de su cuello, muy cerca del oído, que lo amaba.
Él entendió que la conclusión estaba dicha, y que era aún más maravillosa de lo que él había pensado.
Venía masticando lo que iba a decir, cómo iba a actuar. Estúpidamente, claro, porque sabía que en el momento en que sus miradas se encontraran, ella iba a soltar las cosas como mejor le salieran.
Se cruzó de piernas, ya sentada en un banco frente a la Casa de Gobierno.
Lo vio venir, desde la 25 de mayo, escuchando música.
Ella pensaba en Alejandra, en Martín.
- Te dije que tengo una conclusión maravillosa.
Esperó a que estuviera sentado.
- Es hermosa - suspiró, mirándolo a los ojos - no sólo es hermosa, sino que te ama.
>> Es fantástica, perfecta. Y te está esperando. Van a tener una casa, con dos patios, uno con pileta, atrás. Adelante van a tener una mecedora, donde ella se va a sentar con Lulú, quizás cantándole. Van a tener un perro, (querían un bulldog, porque habían tomado la costumbre de cantar esa canción, como tantas otras, en armonía) pero ambos deciden que es mejor un beaggle, porque son mucho más simpáticos.
Van en un auto, ella con Lulú en brazos, adelante, y los hermanos en el asiento de atrás, un día domingo. Vos manejás y decís algo tan gracioso que ella despierta a la bebé a causa de la risa. Son felices.
Yo le voy a regalar mi sueño. Ella puede tenerlo, porque te está esperando para que sean felices. ¿Sabés? es milenaria, un alma vieja como me gusta decir a mí y eso es lo que te va a encantar de ella.
Él, preparaba su contestación, abriendo levemente la boca.
- Tenés que comprender Martín, que como tu Alejandra, voy a pertenecerte, pero ¿a qué precio?. Así como el personaje que una vez supiste llamarme, tengo un fin y no es lejano.
En silencio entendieron que esto era y que nada más había ya. De forma casi natural, la despedida se redondeó en un abrazo eterno, compasivo, comprensivo, completo.
María se mordía las uñas, mirando fijamente una baldosa, sentada en un banco frente a la Casa de Gobierno.
Lo vió llegar, caminando desde la 25 de mayo.
Se sonrieron con aire gris.
Ella lo abrazó, lagrimeando y le susurró, colgada de su cuello, muy cerca del oído, que lo amaba.
Él entendió que la conclusión estaba dicha, y que era aún más maravillosa de lo que él había pensado.
30 de agosto de 2011
Soledad sola.
La música del piano, el ruido del mate sin agua, los auriculares duelen, la tinta impregnándose en las hojas, los suspiros de cansancio solitario.
A veces me gusta jugar a que tengo un Gerónimo en casa.
Un Gerónimo que aprieta botellas en la cocina, que apaga luces, que me hace dar chuchos, que enfría los ambientes, que repele a quien entra y molesta.
Compañero como ninguno, de presencia tácita y besos fríos, que baila salsa y es músico.
Entonces la Soledad se calma, se comprime en persona y se sonríe mientras lo invita a bailar.
A veces me gusta jugar a que tengo un Gerónimo en casa.
Un Gerónimo que aprieta botellas en la cocina, que apaga luces, que me hace dar chuchos, que enfría los ambientes, que repele a quien entra y molesta.
Compañero como ninguno, de presencia tácita y besos fríos, que baila salsa y es músico.
Entonces la Soledad se calma, se comprime en persona y se sonríe mientras lo invita a bailar.
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25 de julio de 2011
Cultivar Pensamientos
-...las plantas en general no me gustan. Desde que murieron mis pensamientos, no me animo a cultivar nada más.
Martín esperó.
- Los ahogué. No supe cuidarlos. Me los trajo mi mamá un día. Bordó, morados, azules, blancos, amarillos... todos quedaron a mi cuidado. Mi mamá nunca supo explicarme bien como era y bueno, hice lo mejor que pude.
La sintió infinitamente triste.
- ¿No te animarías a empezar de nuevo con otros pensamientos?
- No, es difícil criarlos, y evidentemente yo no estoy lista. A los míos los devoraron. Ay, Martín... pero eran tan lindos, si los hubieras visto...
Martín esperó.
- Los ahogué. No supe cuidarlos. Me los trajo mi mamá un día. Bordó, morados, azules, blancos, amarillos... todos quedaron a mi cuidado. Mi mamá nunca supo explicarme bien como era y bueno, hice lo mejor que pude.
La sintió infinitamente triste.
- ¿No te animarías a empezar de nuevo con otros pensamientos?
- No, es difícil criarlos, y evidentemente yo no estoy lista. A los míos los devoraron. Ay, Martín... pero eran tan lindos, si los hubieras visto...
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6 de julio de 2011
El día que me quieras
Él cantaba tangos mientras ella lo miraba con detenimiento.
Los dos acostados como estaban., ambos desnudos, esperando el arrebato.
Gesticulaba y de vez en cuando se reía al tiempo que cantaba.
Ella lo observaba, fascinada por el teatro.
Cuando él finalmente se calló, se recostó mirándola y le sonrió ampliamente.
- ¿Tenés que hacer mucho esfuerzo? - le preguntó ella mientras le rozaba la barba incipiente con la punta de los dedos.
Pretendió no entender la pregunta, le dio la espalda. Pero no pudo evitar volverse y con una sonrisa a media asta:
- Sí, hago un gran esfuerzo.- se rió fuerte, espantando vaya uno a saber qué, y comenzó a besarla desde la nariz.
Los dos acostados como estaban., ambos desnudos, esperando el arrebato.
Gesticulaba y de vez en cuando se reía al tiempo que cantaba.
Ella lo observaba, fascinada por el teatro.
Cuando él finalmente se calló, se recostó mirándola y le sonrió ampliamente.
- ¿Tenés que hacer mucho esfuerzo? - le preguntó ella mientras le rozaba la barba incipiente con la punta de los dedos.
Pretendió no entender la pregunta, le dio la espalda. Pero no pudo evitar volverse y con una sonrisa a media asta:
- Sí, hago un gran esfuerzo.- se rió fuerte, espantando vaya uno a saber qué, y comenzó a besarla desde la nariz.
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28 de junio de 2011
Mi cama
Son esas determinaciones que se toman sorbiendo un café, observando por la ventana el Sol invernal...
Decidí dar vuelta mi colchón.
Lo sopesé contemplativa, a centímetros de mi estufa, en un gesto inútil por combatir el frío.
Mi cama.
Entonces pensé en cuanto tiempo no lo rotaba.
Mis sábanas viendo venir la hecatombe, se pegaban a los bordes del colchón, podía sentir cómo lloraban quedamente cuando finalmente podía arrancarlas, pobres... ellas embaladas en su infantilidad egoísta.
Sentí que el colchón pesaba más de lo usual, y el calor remanente de este lado, ese calor impregnado, calor del enamorado, de las pasiones, de las noches frías.
Al fin el colchón cayó sobre la estructura de madera, rendido, produciendo un ruido seco, casi como un lamento.
Me senté.
El colchón fresco.
Amores renovados, puros como han de venir.
Decidí dar vuelta mi colchón.
Lo sopesé contemplativa, a centímetros de mi estufa, en un gesto inútil por combatir el frío.
Mi cama.
Entonces pensé en cuanto tiempo no lo rotaba.
Mis sábanas viendo venir la hecatombe, se pegaban a los bordes del colchón, podía sentir cómo lloraban quedamente cuando finalmente podía arrancarlas, pobres... ellas embaladas en su infantilidad egoísta.
Sentí que el colchón pesaba más de lo usual, y el calor remanente de este lado, ese calor impregnado, calor del enamorado, de las pasiones, de las noches frías.
Al fin el colchón cayó sobre la estructura de madera, rendido, produciendo un ruido seco, casi como un lamento.
Me senté.
El colchón fresco.
Amores renovados, puros como han de venir.
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