Llega como certeza triste.
Una sintomatología muy inglesa.
Todas las tardes de invierno, a eso de las seis.
A las cinco y media, busco la caja de pañuelos descartables.
A las seis menos cuarto, ya acostada, en mi camisón, miro el techo. Esperando.
Primero lloro por el invierno, siempre frío, nunca lluvioso; después por el empapelado de la pared, siempre tan verde y florido, luego las lágrimas caen raudamente cuando pienso en no haber limpiado arriba de la alacena, en los botones descosidos de las camisas, en los perros de pelo corto, en los azahares sin florecer.
A las siete, ya repuesta, levanto los papeles del piso y la cama.
Camino hasta el baño, me mojo la cara y analizo críticamente mi rostro, todo enrojecido.
Suspiro, y me siento en la mecedora del living a leer.
En los veranos, llega la lluvia, igual de inglesa.
Todas las tardes, a eso de las seis.
"Vivimos en la selva, querida, este clima no es ni más ni menos que de selva", decía mi bisabuela.
18 de febrero de 2012
4 de febrero de 2012
Primera fase
Suspiraba por quinta vez en media hora.
Miraba fijamente la pantalla.
Cada vez se convencía más de que las vacaciones habían sido muy largas.
Se daba vuelta y miraba al perro dormir.
Se paraba, prendía el televisor. Riding in car with boys, de nuevo, pero ¿por qué no?
Iba a la cocina, buscaba una tortilla. Masticaba.
El perro durmiendo todavía. ¿Cuánto tiempo tenía dormido?
"Perro, no es hora de dormir", dientes, y después se curaba el brazo.
Un suspiro (una vez más).
"The reproductive behaviors of males and females are often very different. Males usually..." Tema 1 de 14.
Si tan sólo el libro hubiera estado en castellano y no hubiera necesitado su traducción, todo se reduciría... a lo mismo. Igual no lo hubiera leído.
Miraba fijamente la pantalla.
Cada vez se convencía más de que las vacaciones habían sido muy largas.
Se daba vuelta y miraba al perro dormir.
Se paraba, prendía el televisor. Riding in car with boys, de nuevo, pero ¿por qué no?
Iba a la cocina, buscaba una tortilla. Masticaba.
El perro durmiendo todavía. ¿Cuánto tiempo tenía dormido?
"Perro, no es hora de dormir", dientes, y después se curaba el brazo.
Un suspiro (una vez más).
"The reproductive behaviors of males and females are often very different. Males usually..." Tema 1 de 14.
Si tan sólo el libro hubiera estado en castellano y no hubiera necesitado su traducción, todo se reduciría... a lo mismo. Igual no lo hubiera leído.
29 de enero de 2012
Gotitas de lluvia
Las dos caminando de la mano.
Ella en su inocencia infantil, paraguas en mano, botas de goma e impermeable rosa.
- Hice un trabajo con unas tapitas, plastilina, tempera... y otras cosas. Ése es el que más me gusta.
Yo sonreía, asintiendo, mientras entrabamos a la exposición.
Ella saltaba de estación en estación.
- ¡Qué bueno que volviste!
Yo la abrazaba de vez en cuando, escuchando mientras me contaba sobre cada obra.
La lluvia había parado cuando salimos.
- ¡Esperá! ¡Tengo que abrir el paraguas!
- No llueve más, corazón.
Miró, incrédula a su alrededor, viendo que muchas personas tenían abierto su paraguas.
Extendió la mano.
- ¿Y por qué las personas tienen abiertos los paraguas?
- Porque no saben que la lluvia paró.
Me tomó de la mano y comenzamos a caminar de vuelta a casa.
- Deciles que ya paró.
- ¿Para qué?
- ¡Para que cierren los paraguas!
- ¿Por qué no les decís vos?
Gritando desde sus escasos centímetros, comenzó a advertirles a los alienados peatones sobre su error.
"Señor, no llueve"; "Ya no llueve, cierre el paraguas".
- ¡No me escuchan!
- No van a escucharte, cielo.
- ¿Son todos sordos?
- No, pero están pensando en otras cosas, por eso no se dan cuenta de que ya no llueve.
Continuamos calladas el resto de la cuadra, para pararnos en la esquina esperando el semáforo.
A su lado, una chica con un paraguas abierto.
La miró de reojo unos segundos.
Pellizcó su codo.
La mirada sorprendida apuntó hacia abajo.
- Ya no llueve.
La chica sonrió y extendió la mano.
- Tenés razón. Mejor cierro el paraguas ¿no?
- Sí.
- Muchas gracias.
Las tres miramos al frente, después de habernos sonreído con complicidad, la chica y yo.
Cruzamos la calle, dejando atrás los paraguas.
Ella en su inocencia infantil, paraguas en mano, botas de goma e impermeable rosa.
- Hice un trabajo con unas tapitas, plastilina, tempera... y otras cosas. Ése es el que más me gusta.
Yo sonreía, asintiendo, mientras entrabamos a la exposición.
Ella saltaba de estación en estación.
- ¡Qué bueno que volviste!
Yo la abrazaba de vez en cuando, escuchando mientras me contaba sobre cada obra.
La lluvia había parado cuando salimos.
- ¡Esperá! ¡Tengo que abrir el paraguas!
- No llueve más, corazón.
Miró, incrédula a su alrededor, viendo que muchas personas tenían abierto su paraguas.
Extendió la mano.
- ¿Y por qué las personas tienen abiertos los paraguas?
- Porque no saben que la lluvia paró.
Me tomó de la mano y comenzamos a caminar de vuelta a casa.
- Deciles que ya paró.
- ¿Para qué?
- ¡Para que cierren los paraguas!
- ¿Por qué no les decís vos?
Gritando desde sus escasos centímetros, comenzó a advertirles a los alienados peatones sobre su error.
"Señor, no llueve"; "Ya no llueve, cierre el paraguas".
- ¡No me escuchan!
- No van a escucharte, cielo.
- ¿Son todos sordos?
- No, pero están pensando en otras cosas, por eso no se dan cuenta de que ya no llueve.
Continuamos calladas el resto de la cuadra, para pararnos en la esquina esperando el semáforo.
A su lado, una chica con un paraguas abierto.
La miró de reojo unos segundos.
Pellizcó su codo.
La mirada sorprendida apuntó hacia abajo.
- Ya no llueve.
La chica sonrió y extendió la mano.
- Tenés razón. Mejor cierro el paraguas ¿no?
- Sí.
- Muchas gracias.
Las tres miramos al frente, después de habernos sonreído con complicidad, la chica y yo.
Cruzamos la calle, dejando atrás los paraguas.
7 de enero de 2012
Las reminiscencias
Los cañaverales y las cigarras.
Los cantares de los jilgueros.
Los cueros curtidos y la gula del sol.
Los perros flacos.
Los barrancos de las arrugas y las manos ajadas.
Los moscardones tornasol.
Los pastizales amarillos y las sendas.
Los ojos renegridos.
Los pelos voluptuosos y las sonrisas escondidas.
Etiquetas:
Escritos e intitulados
19 de octubre de 2011
Recién despierta
Y así esperando el amanecer estuve leyendo en cama. El sueño nunca vino, pero yo insistí en acostarme temprano.
Pensando en los terrores de un novio dormido me fui abandonando a una cama revuelta, hasta que los miedos se volvieron míos.
Confirmé mis sospechas, mientras me levantaba arrastrando las pantuflas. Ya no tan sólo me había regalado a los miedos, sino a las ojeras, a la seriedad, a la tos, a lo cotidiano.
Me queda esperar, respirando olor a durazno del té, la mañana caliente, para volver a la cama y jugar a estar recién despierta.
Pensando en los terrores de un novio dormido me fui abandonando a una cama revuelta, hasta que los miedos se volvieron míos.
Confirmé mis sospechas, mientras me levantaba arrastrando las pantuflas. Ya no tan sólo me había regalado a los miedos, sino a las ojeras, a la seriedad, a la tos, a lo cotidiano.
Me queda esperar, respirando olor a durazno del té, la mañana caliente, para volver a la cama y jugar a estar recién despierta.
10 de septiembre de 2011
Conclusión Maravillosa
Ella se veía, caminando hasta la plaza, sin dejar de leer "Lezama" en una página invisible.
Venía masticando lo que iba a decir, cómo iba a actuar. Estúpidamente, claro, porque sabía que en el momento en que sus miradas se encontraran, ella iba a soltar las cosas como mejor le salieran.
Se cruzó de piernas, ya sentada en un banco frente a la Casa de Gobierno.
Lo vio venir, desde la 25 de mayo, escuchando música.
Ella pensaba en Alejandra, en Martín.
- Te dije que tengo una conclusión maravillosa.
Esperó a que estuviera sentado.
- Es hermosa - suspiró, mirándolo a los ojos - no sólo es hermosa, sino que te ama.
>> Es fantástica, perfecta. Y te está esperando. Van a tener una casa, con dos patios, uno con pileta, atrás. Adelante van a tener una mecedora, donde ella se va a sentar con Lulú, quizás cantándole. Van a tener un perro, (querían un bulldog, porque habían tomado la costumbre de cantar esa canción, como tantas otras, en armonía) pero ambos deciden que es mejor un beaggle, porque son mucho más simpáticos.
Van en un auto, ella con Lulú en brazos, adelante, y los hermanos en el asiento de atrás, un día domingo. Vos manejás y decís algo tan gracioso que ella despierta a la bebé a causa de la risa. Son felices.
Yo le voy a regalar mi sueño. Ella puede tenerlo, porque te está esperando para que sean felices. ¿Sabés? es milenaria, un alma vieja como me gusta decir a mí y eso es lo que te va a encantar de ella.
Él, preparaba su contestación, abriendo levemente la boca.
- Tenés que comprender Martín, que como tu Alejandra, voy a pertenecerte, pero ¿a qué precio?. Así como el personaje que una vez supiste llamarme, tengo un fin y no es lejano.
En silencio entendieron que esto era y que nada más había ya. De forma casi natural, la despedida se redondeó en un abrazo eterno, compasivo, comprensivo, completo.
María se mordía las uñas, mirando fijamente una baldosa, sentada en un banco frente a la Casa de Gobierno.
Lo vió llegar, caminando desde la 25 de mayo.
Se sonrieron con aire gris.
Ella lo abrazó, lagrimeando y le susurró, colgada de su cuello, muy cerca del oído, que lo amaba.
Él entendió que la conclusión estaba dicha, y que era aún más maravillosa de lo que él había pensado.
Venía masticando lo que iba a decir, cómo iba a actuar. Estúpidamente, claro, porque sabía que en el momento en que sus miradas se encontraran, ella iba a soltar las cosas como mejor le salieran.
Se cruzó de piernas, ya sentada en un banco frente a la Casa de Gobierno.
Lo vio venir, desde la 25 de mayo, escuchando música.
Ella pensaba en Alejandra, en Martín.
- Te dije que tengo una conclusión maravillosa.
Esperó a que estuviera sentado.
- Es hermosa - suspiró, mirándolo a los ojos - no sólo es hermosa, sino que te ama.
>> Es fantástica, perfecta. Y te está esperando. Van a tener una casa, con dos patios, uno con pileta, atrás. Adelante van a tener una mecedora, donde ella se va a sentar con Lulú, quizás cantándole. Van a tener un perro, (querían un bulldog, porque habían tomado la costumbre de cantar esa canción, como tantas otras, en armonía) pero ambos deciden que es mejor un beaggle, porque son mucho más simpáticos.
Van en un auto, ella con Lulú en brazos, adelante, y los hermanos en el asiento de atrás, un día domingo. Vos manejás y decís algo tan gracioso que ella despierta a la bebé a causa de la risa. Son felices.
Yo le voy a regalar mi sueño. Ella puede tenerlo, porque te está esperando para que sean felices. ¿Sabés? es milenaria, un alma vieja como me gusta decir a mí y eso es lo que te va a encantar de ella.
Él, preparaba su contestación, abriendo levemente la boca.
- Tenés que comprender Martín, que como tu Alejandra, voy a pertenecerte, pero ¿a qué precio?. Así como el personaje que una vez supiste llamarme, tengo un fin y no es lejano.
En silencio entendieron que esto era y que nada más había ya. De forma casi natural, la despedida se redondeó en un abrazo eterno, compasivo, comprensivo, completo.
María se mordía las uñas, mirando fijamente una baldosa, sentada en un banco frente a la Casa de Gobierno.
Lo vió llegar, caminando desde la 25 de mayo.
Se sonrieron con aire gris.
Ella lo abrazó, lagrimeando y le susurró, colgada de su cuello, muy cerca del oído, que lo amaba.
Él entendió que la conclusión estaba dicha, y que era aún más maravillosa de lo que él había pensado.
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