Él cantaba tangos mientras ella lo miraba con detenimiento.
Los dos acostados como estaban., ambos desnudos, esperando el arrebato.
Gesticulaba y de vez en cuando se reía al tiempo que cantaba.
Ella lo observaba, fascinada por el teatro.
Cuando él finalmente se calló, se recostó mirándola y le sonrió ampliamente.
- ¿Tenés que hacer mucho esfuerzo? - le preguntó ella mientras le rozaba la barba incipiente con la punta de los dedos.
Pretendió no entender la pregunta, le dio la espalda. Pero no pudo evitar volverse y con una sonrisa a media asta:
- Sí, hago un gran esfuerzo.- se rió fuerte, espantando vaya uno a saber qué, y comenzó a besarla desde la nariz.
6 de julio de 2011
28 de junio de 2011
Mi cama
Son esas determinaciones que se toman sorbiendo un café, observando por la ventana el Sol invernal...
Decidí dar vuelta mi colchón.
Lo sopesé contemplativa, a centímetros de mi estufa, en un gesto inútil por combatir el frío.
Mi cama.
Entonces pensé en cuanto tiempo no lo rotaba.
Mis sábanas viendo venir la hecatombe, se pegaban a los bordes del colchón, podía sentir cómo lloraban quedamente cuando finalmente podía arrancarlas, pobres... ellas embaladas en su infantilidad egoísta.
Sentí que el colchón pesaba más de lo usual, y el calor remanente de este lado, ese calor impregnado, calor del enamorado, de las pasiones, de las noches frías.
Al fin el colchón cayó sobre la estructura de madera, rendido, produciendo un ruido seco, casi como un lamento.
Me senté.
El colchón fresco.
Amores renovados, puros como han de venir.
Decidí dar vuelta mi colchón.
Lo sopesé contemplativa, a centímetros de mi estufa, en un gesto inútil por combatir el frío.
Mi cama.
Entonces pensé en cuanto tiempo no lo rotaba.
Mis sábanas viendo venir la hecatombe, se pegaban a los bordes del colchón, podía sentir cómo lloraban quedamente cuando finalmente podía arrancarlas, pobres... ellas embaladas en su infantilidad egoísta.
Sentí que el colchón pesaba más de lo usual, y el calor remanente de este lado, ese calor impregnado, calor del enamorado, de las pasiones, de las noches frías.
Al fin el colchón cayó sobre la estructura de madera, rendido, produciendo un ruido seco, casi como un lamento.
Me senté.
El colchón fresco.
Amores renovados, puros como han de venir.
12 de junio de 2011
Intitulado: nº 10
Los años que no tenía le acariciaron el cabello.
Ella sentía cómo las arrugas iban acumulándose en sus miradas, sonrisas y cantares.
Cuando observó sus manos las notó demasiado responsables.
Los pies quietos, los hombros cansados, la espalda quebrada.
Ahí supo.
Esa mañana que no supo ser juvenil, que ya ninguna lo iba a ser más.
Hasta los suspiros, avejentados, le rodaban por los pechos caídos y se desplomaban contra el suelo.
Corrió en busca de un espejo.
Se miró los ojos.
Los recuerdos no vividos le pesaban en la melancolía de la mirada.
Los años que no habían sido ya le habían decolorado el pelo.
Los besos no recibidos le habían ajado la piel.
La sonrisa se le derramaba, y los labios temblorosos no quisieron contar más.
Ella sentía cómo las arrugas iban acumulándose en sus miradas, sonrisas y cantares.
Cuando observó sus manos las notó demasiado responsables.
Los pies quietos, los hombros cansados, la espalda quebrada.
Ahí supo.
Esa mañana que no supo ser juvenil, que ya ninguna lo iba a ser más.
Hasta los suspiros, avejentados, le rodaban por los pechos caídos y se desplomaban contra el suelo.
Corrió en busca de un espejo.
Se miró los ojos.
Los recuerdos no vividos le pesaban en la melancolía de la mirada.
Los años que no habían sido ya le habían decolorado el pelo.
Los besos no recibidos le habían ajado la piel.
La sonrisa se le derramaba, y los labios temblorosos no quisieron contar más.
Etiquetas:
Escritos e intitulados
20 de mayo de 2011
Intitulado: nº 9
Faltando a la credulidad de mis palabras, voy a publicar un escrito que tengo guardado desde hace un tiempo:
Como si fuera de película, mi sobretodo, el cigarrillo.
Está frío, y es ahora cuando el asesinato sucede.
Envuelto en una música de Piazolla.
Yo paso cerca, el matón me persigue.
Me quiere silenciar.
Me alcanza.
Una piedra, me tropiezo, lo que me trae a la realidad, y me burlo de mi propia imaginación.
Mientras presiono con mis puños dentro de los bolsillos, escucho un ligero sollozo.
Giro mi cabeza hacia el sonido, sugestionado.
Esperé encontrarlos.
Uno suplicando por su vida y el otro relamiéndose, esperando el instante justo.
Volví a mi camino sonriéndome, aunque decepcionado y embelezado por el poder de un domingo lluvioso.
El disparo.
Esta vez no me atreví a girar la cabeza.
Sólo eché a correr, escuchando el ruido de los pasos en los charcos de agua, que seguían muy de cerca los míos.
Esta vez espero no tropezarme.
Como si fuera de película, mi sobretodo, el cigarrillo.
Está frío, y es ahora cuando el asesinato sucede.
Envuelto en una música de Piazolla.
Yo paso cerca, el matón me persigue.
Me quiere silenciar.
Me alcanza.
Una piedra, me tropiezo, lo que me trae a la realidad, y me burlo de mi propia imaginación.
Mientras presiono con mis puños dentro de los bolsillos, escucho un ligero sollozo.
Giro mi cabeza hacia el sonido, sugestionado.
Esperé encontrarlos.
Uno suplicando por su vida y el otro relamiéndose, esperando el instante justo.
Volví a mi camino sonriéndome, aunque decepcionado y embelezado por el poder de un domingo lluvioso.
El disparo.
Esta vez no me atreví a girar la cabeza.
Sólo eché a correr, escuchando el ruido de los pasos en los charcos de agua, que seguían muy de cerca los míos.
Esta vez espero no tropezarme.
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Escritos e intitulados
9 de mayo de 2011
Mi Jardín
Tucumán.
Ciudad de dioses renegados.
Oscura cosmopolita.
El Jardín, descascarándose, sabe enmascarar su ruina a través de hojas otoñales.
Los rostros grises, cansados, ajados.
Las miradas perdidas, la música que llena vacíos, los pasos automáticos.
Las calles desoladas, la monotonía triste.
Ciudad de dioses renegados.
Oscura cosmopolita.
El Jardín, descascarándose, sabe enmascarar su ruina a través de hojas otoñales.
Los rostros grises, cansados, ajados.
Las miradas perdidas, la música que llena vacíos, los pasos automáticos.
Las calles desoladas, la monotonía triste.
2 de mayo de 2011
Un Resfrío
Ella caminaba con rapidez en medio del frío otoñal.
Sabía que en poco tiempo iba a sentir ganas de estornudar.
Además sabía que no había llevado pañuelo, lo cual la ponía en una situación muy tensa, ya que llegaba tarde... (de nuevo).
"No, disculpá, no tengo" Supo decirle la empleada del drugstore más cercano, el único a dos cuadras a la redonda.
No había tiempo.
Sentía cómo el líquido fluía, hasta coronar el orificio nasal.
No podía evitar sostenerse con el dedo, mirar hacia arriba y sorber con fuerza.
Quedaban pocas opciones: podía arriesgarse a llegar aún más tarde, culpar a su resfrío y falta de previsión, comprando pañuelos descartables, o bien... tenía mangas largas.
Se maldijo, mientras contenía el agua que brotaba de su nariz, con la punta del dedo, envuelta en una sensación de impotencia y asco.
Los deseos violentos de estornudar le vinieron de sopetón.
El sonido fue atronador en la cuadra.
Se sintió humillada, y sorbía desesperada, mientras se limpiaba como podía con lo que podía, corriendo a buscar un quiosco que le vendiera pañuelitos.
Sabía que en poco tiempo iba a sentir ganas de estornudar.
Además sabía que no había llevado pañuelo, lo cual la ponía en una situación muy tensa, ya que llegaba tarde... (de nuevo).
"No, disculpá, no tengo" Supo decirle la empleada del drugstore más cercano, el único a dos cuadras a la redonda.
No había tiempo.
Sentía cómo el líquido fluía, hasta coronar el orificio nasal.
No podía evitar sostenerse con el dedo, mirar hacia arriba y sorber con fuerza.
Quedaban pocas opciones: podía arriesgarse a llegar aún más tarde, culpar a su resfrío y falta de previsión, comprando pañuelos descartables, o bien... tenía mangas largas.
Se maldijo, mientras contenía el agua que brotaba de su nariz, con la punta del dedo, envuelta en una sensación de impotencia y asco.
Los deseos violentos de estornudar le vinieron de sopetón.
El sonido fue atronador en la cuadra.
Se sintió humillada, y sorbía desesperada, mientras se limpiaba como podía con lo que podía, corriendo a buscar un quiosco que le vendiera pañuelitos.
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