Y me saco los anteojos sucios.
También me suelto el pelo, todo apretujado por la traba manchada de recuerdos.
Las sandalias, incómodamente puestas por obligación desde la mañana.
La camisola, arrugada por la vida.
El sueño ya me lo saqué cuando corrí con el perro por las veredas solitarias de un martes nocturno.
Pero lo que verdaderamente ansío por sacarme es la Soledad. (Quizás un rato, de vez en cuando).