15 de marzo de 2011

Lo removible

Y me saco los anteojos sucios.
También me suelto el pelo, todo apretujado por la traba manchada de recuerdos.
Las sandalias, incómodamente puestas por obligación desde la mañana.
La camisola, arrugada por la vida.
El sueño ya me lo saqué cuando corrí con el perro por las veredas solitarias de un martes nocturno.
Pero lo que verdaderamente ansío por sacarme es la Soledad. (Quizás un rato, de vez en cuando).

13 de marzo de 2011

Three Little Birds

Sostuvo el vaso en equilibrio.
Lo miró fijamente por mucho tiempo, contemplando la fragilidad.
Tres dedos lo aferraban. A veces, soltaba uno y sentía cómo el líquido se movía.
Estaba sentado en el piso, con una pierna recogida. Apoyado en la rodilla, sosteniendo el vaso, estaba extendido un brazo.
- Rodolfo, ¿Me escuchaste? Te digo que me voy.
Don't worry about a thing...
- Apagá la música.
'Cause every little thing it's gonna be all right...
- Rodolfo, me voy.
Singing: don't worry about a thing...
- ¡Apagá la música!

Eugenia salió decidida y cerró con un portazo.
Sayin': This is a message to you ou ou... Don't worry about a thing, 'cause every little thing it's gonna be all right.

11 de marzo de 2011

Pagando deudas

Me quedé debiendo algo.
Él me debe mucho más, sus faltas se hicieron más presentes en el momento en que acaricié su cabeza.
Si tan sólo hubiera podido dejar de hacerlo.
Quizás sería una proyección. Pero, sin faltar a la realidad, es porque tenía muy suave el pelo.

Seguramente no era lo que tenías pensado, pero también es seguro que voy a seguir escribiendo sobre vos con mayor detalle.

9 de marzo de 2011

De vuelta de todo

Volví.
Trato de acordarme.
Todo tan irreal.
Empecé y terminé un libro.
Caminé descalza por las veredas.
La mujer vestida de payaso que me sonreía (aunque me resultó aún más extraño que entrara al edificio de la Alianza Francesa).
Quizás hubiera disfrutado más la soledad del campo; la soledad citadina siempre es más melancólica e impura.
Sabía que todo iba a estar igual, tal y como lo dejé.
Algunos se enteraron de que me fui, que estuve y que volví.
Algunos me despidieron, algunos me vieron, nadie me esperó.
Entonces supe que tenía que remover todo: morral, ropa, zapatillas, recuerdos, emociones.
Todo para curarme del resfrío y de las desilusiones.

3 de marzo de 2011

No cualquier Fender, no cualquier músico.

Hoy tomé un rumbo distinto, volviendo a casa del taller.
Quizás si no hubiera vuelto por ahí no podría haberme tentado con los teclados de la casa de música, o mirando un saxo, acordarme que después de poco más de seis meses no logré escuchar, al ahora extranjero, tocar uno. Aún así, lo más interesante de haberme  detenido fue ver a este pequeño prodigio.
Tenía aproximadamente 5 años, sentado en la banqueta frente a la vidriera,( por la cual yo me asomaba, emergiendo de entre las guitarras en exposición), aferraba la imitación de  Squier (Fender, la imagen habla por si sola) como si fuera suya, como si la conociera de principio a fin. Se posicionaba en la banqueta, hacía punteos, y dejaba que el padre preguntara por la correa.
Acomodaba la guitarrita sobre sus piernas, sopesándola. Roja y brillante, parecía hecha a su medida. 
Lamenté no poder escucharlo tocar.

1 de marzo de 2011

Ésa, la que estuvo caminando a mi lado

No era más que una ínfima mancha amarilla a su lado.
Ella fumaba.
Yo me miraba los pies y me retorcía el pantalón de bambula.
Cruzamos la calle.
Ella charlaba con otros. Mientras se reía, me tiraba la ceniza de su cigarrillo, sin darse cuenta o realmente sin importarle.
Era mediodía, yo recién despierta, la miraba.
Sus tacos, sus aires... sin dudas un tipo de porte que yo nunca podría tener.
Caminé más rápido, aferré la bandolera como para tomar impulso, y me acomodé los anteojos.
En medio del tumulto me sentí más a salvo.
Entonces, finalmente, me dejé despabilar por Eric Clapton que me contaba sobre Layla.