11 de marzo de 2011

Pagando deudas

Me quedé debiendo algo.
Él me debe mucho más, sus faltas se hicieron más presentes en el momento en que acaricié su cabeza.
Si tan sólo hubiera podido dejar de hacerlo.
Quizás sería una proyección. Pero, sin faltar a la realidad, es porque tenía muy suave el pelo.

Seguramente no era lo que tenías pensado, pero también es seguro que voy a seguir escribiendo sobre vos con mayor detalle.

9 de marzo de 2011

De vuelta de todo

Volví.
Trato de acordarme.
Todo tan irreal.
Empecé y terminé un libro.
Caminé descalza por las veredas.
La mujer vestida de payaso que me sonreía (aunque me resultó aún más extraño que entrara al edificio de la Alianza Francesa).
Quizás hubiera disfrutado más la soledad del campo; la soledad citadina siempre es más melancólica e impura.
Sabía que todo iba a estar igual, tal y como lo dejé.
Algunos se enteraron de que me fui, que estuve y que volví.
Algunos me despidieron, algunos me vieron, nadie me esperó.
Entonces supe que tenía que remover todo: morral, ropa, zapatillas, recuerdos, emociones.
Todo para curarme del resfrío y de las desilusiones.

3 de marzo de 2011

No cualquier Fender, no cualquier músico.

Hoy tomé un rumbo distinto, volviendo a casa del taller.
Quizás si no hubiera vuelto por ahí no podría haberme tentado con los teclados de la casa de música, o mirando un saxo, acordarme que después de poco más de seis meses no logré escuchar, al ahora extranjero, tocar uno. Aún así, lo más interesante de haberme  detenido fue ver a este pequeño prodigio.
Tenía aproximadamente 5 años, sentado en la banqueta frente a la vidriera,( por la cual yo me asomaba, emergiendo de entre las guitarras en exposición), aferraba la imitación de  Squier (Fender, la imagen habla por si sola) como si fuera suya, como si la conociera de principio a fin. Se posicionaba en la banqueta, hacía punteos, y dejaba que el padre preguntara por la correa.
Acomodaba la guitarrita sobre sus piernas, sopesándola. Roja y brillante, parecía hecha a su medida. 
Lamenté no poder escucharlo tocar.

1 de marzo de 2011

Ésa, la que estuvo caminando a mi lado

No era más que una ínfima mancha amarilla a su lado.
Ella fumaba.
Yo me miraba los pies y me retorcía el pantalón de bambula.
Cruzamos la calle.
Ella charlaba con otros. Mientras se reía, me tiraba la ceniza de su cigarrillo, sin darse cuenta o realmente sin importarle.
Era mediodía, yo recién despierta, la miraba.
Sus tacos, sus aires... sin dudas un tipo de porte que yo nunca podría tener.
Caminé más rápido, aferré la bandolera como para tomar impulso, y me acomodé los anteojos.
En medio del tumulto me sentí más a salvo.
Entonces, finalmente, me dejé despabilar por Eric Clapton que me contaba sobre Layla.

27 de febrero de 2011

Intitulado: nº 6

- ¿Qué hiciste en el piso?
- Nada
- ¿Cómo que nada?, ahí está manchado.
- Ah, eso.
- Si, eso. ¿Qué es eso?
- Y… bien dijiste vos, una mancha.
- Sí, ¿Mancha de qué?
- No puedo saber porque no fui yo quien la hizo.
- Entonces, ¿de dónde salió?
- Eso tampoco sé.

“No puedo decirle que son pisadas del Jkler que me encontré, seguro enloquece”

23 de febrero de 2011

Las vicisitudes de internet

Víctor no es de esos a los que les gusta la tecnología, pero de vez en cuando toca unas teclas.
Así fue que una vez,visitando el ciberespacio, la encontró.
Buscó cómo contactarla.
Ella, un tanto sorprendida, le propuso un lugar de encuentro.
Los tres días que faltaban para el encuentro fueron imposibles: no dormía, no comía, le dolía constantemente la cabeza y no podía dejar de pensar en ella.
El lugar pactado era una plaza.
Ella iba a esperarlo en un banco del centro.
La ubicó.
Ella estaba cruzada de piernas, leyendo un libro, con el brazo extendido a lo largo del respaldo del banco.
El pelo ondulado, con el ocasional viento, se desparramaba y ella tenía que acomodárselo detrás de la oreja.
Víctor frunció las cejas y apretó las mandíbulas.
Estaba indignadísimo, esa furia que no lo había dejado dormir ni comer tenía que verse reprimida.
Caminó con decisión.
"Está tan tranquila, casi como si no tuviera que encontrarse con nadie, CONMIGO".
En el camino iba farfullando en voz baja todo lo que iba a recriminarle.
Fue entonces cuando ella levantó la mirada. Lo observó intensamente a través de los anteojos.
 - ¿Sole? - La voz de Víctor se quebró de impotencia.