22 de febrero de 2011

Víctor y las plazas.

Víctor visita plazas.
Ama las plazas. Las palomas, los árboles, la paradoja.
Podría tirarse sobre el pasto a observarse por horas, porque éso es lo que más le gusta de las plazas: ahí es donde se observa.
"Mirarse no es tarea fácil che, los espejos confunden más de lo que ayudan".
Víctor, como excusa para observar, camina.

19 de febrero de 2011

La pelirroja

Víctor tuvo dos novias.
Una en la secundaria, otra a comienzos de su facultad. Después se dedicó a las amantes, o mejor dicho, quiso.
Hoy, se levantaba al lado de una "pelirroja infernal", después de una noche de alcohol y excesos.
El hecho es que Víctor se sentía pleno, "casi hasta si podría pedirle matrimonio..."
Fue entonces cuando se despabiló.
"Antes que pelirroja yo diría que es un bordó ¿no?... y bueno, nadie tiene la nariz perfecta... mucho menos los ojos... aunque tampoco puedo pedir mucho de los labios..."
La mirada iba bajando, mientras la sujeta en cuestión dormía como comatosa.
Entonces, las justificaciones se acabaron.
Víctor miró para todos lados, buscando su jean y su camisa.
Se levantó y en un papelito que encontró por ahí, le escribió:
"Bueno, una linda noche. Te dejo la puerta del departamento abierta, yo vuelvo en un par de horas, el portero te deja salir."
Lo dejó en la almohada y salió.
Con las manos en los bolsillos, ya en la vereda: " La que lo parió, me meo".

16 de febrero de 2011

Sólo Víctor

Víctor es un tipo simplón, de esos que caminan mirándose las zapatillas y siempre cargan un bolso (el mismo bolso).
Él es de esos que ni aunque llevaran carteles de neón colgados del cuello llamarían la atención y, tanto es así, que salir a la calle es una travesía: todo el mundo se lo lleva por delante.
Usualmente viste un mismo jean  gastado a fuerza de uso intensivo, remeras lisas o, en su defecto, camisas arremangadas, zapatillas de lona y el ya mencionado bolso.
Es un tipo del montón, con una fantástica sonrisa, aunque se ríe de una manera insoportable.
Víctor tiene una biblioteca llena de manías, como leer los libros al revés (según el mismo explica, "sino nunca leería, me aburre de formas impensadas"), comer mousse de chocolate sólo los domingos al mediodía o estar constantemente preocupado porque llueva y en caso de que así fuera, esté donde esté, se apura lo máximo posible por llegar a casa (con Víctor nunca se sabe si es por goteras según él dice o por miedo a los truenos.)
Vive en un monoambiente en el centro, con una tortuga que se llama "Martina Juliana Estevanéz". ("No es cuestión de que todos tengamos nombre y apellido y ella no").
Pero quizás lo que distingue a Víctor es que los sábados por la mañana se despierta a las 7 de la mañana, se lava los dientes y se vuelve a acostar pensando en qué va a desayunar. Cuando finalmente se decide, duerme hasta las primeras horas de la siesta (hora en la cual el desayuno lo "asquea" y entonces decide cortar por lo sano: almorzar milanesas).

15 de febrero de 2011

Víctor

Vio que lo saludaba.
Tenía una gran sonrisa, y movía rítmicamente la mano de un lado al otro.
Víctor no pudo evitar pensar que le parecía conocida. Sin dudarlo, sonrió con entusiasmo y devolvió el saludo.
Ella se acercaba, caminaba desde más adelante en la cuadra, desandando sus pasos.
Cada vez con más rapidez la mujer se acercaba, como si no pudiera esperar la colisión, a Víctor el corazón le palpitaba con fuerza.
Fue entonces cuando ella pasó a su lado, continuando su trayectoria, para finalmente abrazarse con un hombre vestido con bermudas.

13 de febrero de 2011

Intitulado: nº 5

-Leeme.
-¿A estas horas?... ¿Qué querés que te lea?- le contesté con los ojos cerrados.
- Y no se, lo que quieras leerme.
Me di vuelta en la cama, pero nunca hice el más mínimo intento de leerle algo.
Entre balbuceos dije que no tenía ganas o que no sabía qué leerle.
Ay, si me lo hubiera pedido antes, quizás el sueño no me vencía.
Resignado, entendió que no iba a moverme, me abrazó y más tarde, como si fuera un nene, se levantó de la cama.
- ¿Adonde fuiste?- le pregunté.
- Estaba leyendo.

Gracias por esos pequeños destellos de magia.

11 de febrero de 2011

Lobotomía

"Alguien tiene que reaccionar frente a tanta estupidez de moda". Clifford Stoll

La madre de Julián estaba desesperada. "Se pasa horas encerrado en su cuarto, dice que lee". Le comentó a su esposo una noche en forma de confidencia.
El padre de Julián decidió que ya había tenido suficiente y entró estrepitosamente en el cuarto del niño: "¡¿Qué hacés leyendo?!".
Julián miró incrédulo a su padre, sin esperarse la paliza que prosiguió al grito.
Al día siguiente, Julián desayunaba con la televisión encendida.
Madre y padre se abrazaron con alegres lágrimas en los ojos.
"Por fin se recuperó", dijo la madre mientras se enjugaba los ojos.