Si el remordimiento de los recuerdos te hallara... pero estás de viaje y estás de todo.
Así, unas lágrimas no derramadas por las rutas te transfiguran la cara y te vuelven transparente, pero sólo cuando te acordás de que tenés motivos por los cuales llorar.
Te envidio, tan a la deriva en el momento justo de mi encause e instalación.
Para mí los viajes se van a espaciar, van a ser cada vez menos frecuentes y vos... Ay y vos, te vas a desapegar de tus raíces y formas, para traicionar mis convicciones en otro país.
Bloquearte, eso...
24 de enero de 2011
23 de enero de 2011
Intitulado: nº 3
Hoy salí a caminar, un par de horas después de amanecido el Sol.
Miraba para un costado y veía la luna, que con cada vez más fuerza se esfumaba, pero giraba mi cabeza y veía la vereda bañada en luz.
Y yo en el medio, como en una encrucijada cósmica.
Miraba para un costado y veía la luna, que con cada vez más fuerza se esfumaba, pero giraba mi cabeza y veía la vereda bañada en luz.
Y yo en el medio, como en una encrucijada cósmica.
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De los días
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Escritos e intitulados
22 de enero de 2011
Utopías de pulcritud (Vivir sola)
Mi mamá viene de visita el domingo. Utopía de casa limpia.
El alquiler. "Si dependiera de mí..."
La roña, los azulejos blancos en tonos grisáceos.
La escoba tirada, el trapo de piso mojado y sucio.
El dinero. "Si tuviera..."
Lo muebles, el polvo, las grietas de las paredes, mi alergia.
La pintura, el enduido, Zero 7.
Los libros, viejos, sucios.
Las fotografías, olvidadas, empolvadas.
"Pero si limpié todo el departamento a fondo hace menos de una semana, ¡¿DE ADONDE SALE LA SUCIEDAD SI CASI NO ESTOY?!." (Pura y enrojecida indignación).
Los platos, la ropa.
¡Tengo que comer! ¡Tengo que bañarme!
Las "vacaciones".
Los horarios.
No fumo, pero lo haría.
¿Desde hace cuánto que el teclado está así de sucio?
El alquiler. "Si dependiera de mí..."
La roña, los azulejos blancos en tonos grisáceos.
La escoba tirada, el trapo de piso mojado y sucio.
El dinero. "Si tuviera..."
Lo muebles, el polvo, las grietas de las paredes, mi alergia.
La pintura, el enduido, Zero 7.
Los libros, viejos, sucios.
Las fotografías, olvidadas, empolvadas.
"Pero si limpié todo el departamento a fondo hace menos de una semana, ¡¿DE ADONDE SALE LA SUCIEDAD SI CASI NO ESTOY?!." (Pura y enrojecida indignación).
Los platos, la ropa.
¡Tengo que comer! ¡Tengo que bañarme!
Las "vacaciones".
Los horarios.
No fumo, pero lo haría.
¿Desde hace cuánto que el teclado está así de sucio?
19 de enero de 2011
Locura
Nunca lo creí, pero hoy yo misma me lo repetí hasta el cansancio.
Las palabras descontrol, desastre, epifanía, caída, excentricidad, enfermedad, me carcomían.
Mi interlocutor no lo descubrió, o por lo menos si lo hizo, lo disimuló muy bien.
No sólo es tristeza, sino locura.
Las palabras descontrol, desastre, epifanía, caída, excentricidad, enfermedad, me carcomían.
Mi interlocutor no lo descubrió, o por lo menos si lo hizo, lo disimuló muy bien.
No sólo es tristeza, sino locura.
Siesta de captura
Los subalternos, en la comisaría, esperaban con nervios crispados instrucciones a seguir.
El comisario, con expresión ceñuda, pensaba con rapidez la mejor forma de actuar.
Miró con fiereza al fugitivo.
- Te tenemos acorralado- la voz del Jefe resonó en el recinto con gravedad.
Una fugaz mirada disparó a los cabos a sus posiciones.
Todos tenían los ojos fijos en el objetivo.
Acorralado, el frustrado fugitivo, observaba con consternación el círculo cerrado que habían hecho a su alrededor.
Desarmado, temía por su vida, el pulso se le aceleraba, y su latido lo aturdía.
Intentó, desesperadamente, escapar por los puntos débiles de la valla de policías, aunque no resultó.
La respiración del comisario se hacía pesada, el apresado temía darle la espalda, pero ya era muy tarde.
Sintió cómo con agilidad se le abalanzaron y lo sujetaban con fuerza.
Trató de zafarse, pero las manos que lo aferraban eran demasiado fuertes.
- Deberíamos matarlo- comentó alguien en el tumulto.
Algunos se sumaron a la proposición, pero el comisario no compartía semejante atrocidad.
Tajante como sólo él podía ser, contestó con un ronco y decidido "No".
- Cabo, abra la puerta.
El muchacho aludido, joven y menudo, lo miró con estupefacción, aún así, temeroso de represalias, abrió con diligencia la puerta.
- Señor, ¿está seguro de que...?
El comisario no hizo más que apartarlo con un ademán, tomó al apresado entre sus propias manos, y casi con cariño, lo soltó.
- Andá, sos libre muchacho, espero que no te vuelva a encontrar porque ahí sí que no te perdono.
Lo miró mientras se alejaba por la vereda, en medio del sol rajante de la siesta.
Con convicción, se giró sobre sus talones y se encaminó a su oficina.
Todos los implicados en tamaño operativo seguían atónitos.
- ¡A trabajar! - gritó el comisario en tono imperativo.
Dos cabos, luego del revuelo, comentaban mientras acomodaban el desorden que había dejado atrás la hazaña de captura:
- Mirá que tuvo suerte de ser ratón y no delincuente, sino el Jefe no le perdonaba.
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Escritos e intitulados
14 de enero de 2011
Vamos a ver cómo es el mundo del revés
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