4 de enero de 2011

Si tuviera algo para decir

Definitivamente dejaría de lado las frases insulsas en facebook
Escribiría algo que conmovería hasta al caracol que se durmió en la pared de mi cuarto.
Me esmeraría en transmitir sensaciones.
Trabajaría sobre mi lenguaje.
Pero sobre todo, y más que nada, esta entrada no existiría.

1 de enero de 2011

Soledad


Espero de corazón que no leas esto, las confesiones de amores nunca terminan bien, y mucho menos entre nosotros.


Pero esta no era una soledad perfecta, era completamente acompañada, lo cual la hacía un intento de soledad, y así, aún más patética, porque si hay algo que debo reconocer de la soledad es que es noble cuando tiene verdaderas intenciones.
No sabía que hacer, ¿y si lo llamaba? No era correcto, la vida sigue… además nos habíamos visto hacía un par de días.
Aunque no a ÉL porque ya no era de mi agrado, entonces entendí que mi soledad siempre iba a ser imperfecta, siempre iba a haber un amor desandado que me recordara que nunca estuve completamente sola.
Embalada en mi solitario aburrimiento, saqué de la cocina una factura, la cual entre mordida y mordida, fue convirtiéndose en un error.
Las reminiscencias de una tarde feliz hicieron estragos en mi cabeza.
La dejé, a fuerza de cordura, pero ya era muy tarde.
Su sonrisa, sus besos, sus abrazos, sus caricias, sus murmullos, sus ojos… Ay, sus ojos.
¿Estarás pensando en mí?

Un nuevo año, les guste o no.

Bueno, no suelo proponerme metas para el año que empieza, es más... no lo hice nunca.
Sin más, como estamos en tiempos de cambio y experimentación (para los que no se enteraron tengo una cuenta en mi archienemigo Facebook: Soledad Amaya, y si... hay que promocionar.), pasando por el blog de un señor, que dicho sea de paso tiene delirio por los mismos libros que yo, me tenté y cedí a la petición de enumerar mis proyectos.
Ahí les van:
Aprender a tocar el teclado, bailar salsa, hacer bungee jumping, aprender a sacar fotos decentes (ni hablar de fotos profesionales), volver a andar en bici, terminar todos los libros que me faltan, lidiar con la utopía de vivir sola, aprender a hacer sociales,ganar una apuesta y hacerme vegetariana de una vez por todas y cliches como la paz y el amor y todo eso... supongo que algo mas me queda, ya se verá.
Bueno, es una probadita de todo lo que quiero lograr, además de cuestiones en el campo amoroso, pero no vienen a cuento.
Gente que tengan un 2011 fantástico y que les sea leve.
PD: si se copan, diganmé Uds que quieren para este año, y sino lo hacen, tengan en cuenta: "Al cabo que ni quería saber".

27 de diciembre de 2010

La música, mi compañera


Soñando con escribirle unas palabras a un alguien inexistente, escuchaba a dos amigos tocar bossa.
En los gemidos de un saxo resbalaban mis amores y las teclas de un piano acomplejado mordían mis dudas.
Será que siempre soñaré con escribirle, sólo cuando la música me acompañe en un vaivén de ilusiones transparentes.

24 de diciembre de 2010

Un río revuelto

A orillas de un río revuelto te encontré al otro lado, mirando el agua con atención, esperando a que una catástrofe sucediera.
Los árboles bailaban a tus espaldas y la naturaleza parecía fundirse en tus ojos verdes.
Tus manos sin vida, colgaban a los costados, castigadas por la cotidianeidad.
Entonces levantaste la vista.
Nos unimos en una mirada, en un solo fluir de sensaciones, el río mediante, turbado como nuestros corazones, nos sirvió de testigo para un amor sin límites, cada uno estancado lejos del otro.
¿Nos animábamos?
Tus brazos, con vitalidad inventada, se levantaron para intentar mezclarnos en un abrazo intenso.
Me estiré para llegar, para acompañarte en tu soledad, pero el río estaba revuelto.
¿Quién cruzaría?
Nos esperamos mutuamente, con las ansias carcomiendo lógicas.
No me contuve, tuve que sonreírte, tuve que gritarte cuánto te amaba.
No supiste si acompañarme en la euforia, pero me seguiste esperando, porque fue ahí cuando supiste que yo era quien iba a cruzar.

14 de diciembre de 2010

Intitulado: nº 2

 Hay que tener en cuenta que me duermo.

-¿Y si nos tiramos a descansar?- La voz de Marcela resonó en el salón.
-¿Adónde? - Respondió Nahuel un poco sorprendido por la proposición y mirando con consternación a su alrededor.
- Ahí, no va a pasar nada - Propuso Marcela, señalando un montículo a lo lejos.
- ¿Pero que es eso? - Nahuel no salía de su asombro.
- Y... una elevación, claramente - Marcela cuando se lo proponía podía ser muy irónica y molesta.
Nahuel se tuvo que resguardar los ojos por el brillo de las baldosas recién lustradas para poder vislumbrar el montículo.
- Pero ¿cómo nos vamos a tirar ahí?, ni siquiera sabemos de qué es - el montículo, en efecto, parecía como una pequeña lomada a la lejanía.
Marcela empapada en determinación se aventuró a empezar a caminar hasta ahí.
De vez en cuando tiraba una mirada de reojo a Nahuel, como para comprobar que tan cerca venía. 
- Marcela, sinceramente esto me parece una locura - ella sólo se limitó a caminar un poco más rápido.
A veces patinaban un poco por la suavidad del piso recién limpio.
- ¡Marcela! Alguien nos va a ver por acá - Nahuel con evidente nerviosismo aceleraba más el paso para encontrarse con su compañera.
Ella no se daba por aludida y se acercaba cada vez más al montículo.
Entonces fue cuando lo sintieron.
Un temblor, un sismo, la catástrofe, y el sonido atronador. Fue en ese instante cuando la ráfaga de viento los sorprendió llevándoselos por los aires unos metros.
-¡Marcela! ¡¿Estás bien?!- gimió Nahuel mientras sentía que el gas que los rodeaba y sobre todo el líquido que los mojaba, les iba quitando la vida de a poco.
Ambos tirados sobre sus espaldas, muy cercanos el uno del otro, sintieron sus energías desvanecerse y se resignaron a esperar la muerte en paz.


-¡Ay mamá pero que asco! Acabo de matar a dos cucarachas que caminaban por el piso de la cocina y les tiré veneno, pero siguen agonizando. Parece que se estaban yendo para esconderse en esa pila de ropa sucia tirada en el piso.